Aquella no sería la primera ni la última vez que confundo mi vida con una comedia romántica: tengo la incontrolable costumbre de hacerlo. Me baso en introducciones, elaboro nudos complicados y llenos de enredos que desembocan, siempre, en grandilocuentes e imposibles finales felices. Hay un momento, aquel en que uno se sienta a escribir el guión de esa comedia romántica, en el que inconcientemente transforma la realidad, escuchando palabras que nunca fueron dichas o soñando escenas que nunca sucedieron y nunca sucederán.

3 comentarios cómplices:

Petardo Contreras dijo...

Uhh esta es jodida!

El alter ego de Mabel dijo...

y entonces me pasa que un viernes al a noche tengo el helado, tengo la lluvia deslizándose por la ventana y tengo preparada la cara de sorpresa para cuando suene el timbre, pero no.

Verónica Molina dijo...

Por eso veo el Empire State Building y me imagino que soy Deborah Kerr o Meg Ryan y siempre hay un alguien que diez minutos antes del final justifica haber subido los ochenta y millones de pisos hasta llegar a ese sueño, para que "él" los haga realidad.

Las comedias románticas son los rasgos de la cara más buena de Cupido. ;-)