Nos abrazamos, nos dimos un ultimo beso que le provocó un terremoto en el cuerpo y en la cabeza, nos miramos por última vez y me fui.
Caminé una cuadra, me prendí un pucho, y lloré toda la Plaza San Martín. Cuando crucé Esmeralda, ya no lloraba. Y no lloro más.

3 comentarios cómplices:

LUCES dijo...

Buena frase.
Es también tu arte tomar las que si valen y que aún fuera de contexto sirvan para provocar algo en el otro.

Petardo Contreras dijo...

Esta chiquita se las trae!!
Ademas tiene el culo de ganarse las cervezas que sortie en mi blog!

Lila Biscia dijo...

uf, terrible frase.
muy buena y real.